Noche de invierno castellano

Había caído el sol cuando el ejército terminó de montar las tiendas para pasar la noche invernal en medio de la meseta castellana. Si durante el día el viento había sido cortante, con la luna llena en lo alto del cielo estrellado era aún más frío y de poco parecían servir las pellizas y los coletos de cuero frente al gélido viento norteño.

Se establecieron los turnos de guardia y se fijaron los puestos de vigilancia, aunque no había enemigos cercanos ni podía esperarse agresión alguna, pero las normas son las normas y en el ejército son sagradas.

Para don Álvaro de Guzmán no eran las primeras maniobras con el ejército, ni la primera escolta que realizaba por orden de la corona. Sin embargo, estaban resultando muy diferentes a todas las anteriores y todo por la presencia de aquella chiquilla que formaba parte del pequeño grupo de comerciantes y aldeanos que se les había unido en Aranda de Duero buscando la seguridad de los hombres armados frente a posibles bandidos y salteadores de caminos.

Hacía ya dos días que habían partido y don Álvaro había sido destinado a cubrir uno de los flancos junto a varios de los infantes y alabarderos. Durante estos dos días había podido observar, siempre disimuladamente, los movimientos de la muchacha, sus gestos al hablar, el vaivén de sus caderas al andar y, sobre todo, el ámbar meloso de su mirada.

Hacía pocas horas, en uno de los altos en el camino, ella misma se le había acercado y había entablado con él una conversación intrascendente, de la que no recordaba nada más que la profundidad de esos ojos, la calidez de la mirada y un nombre que se le había clavado en la mente, Amanda, la que es digna o merecedora de amor, la que nace para ser amada, Amanda. No podía haber un nombre mejor puesto para esos ojos, esa sonrisa franca, esas manos suaves y esos movimientos llenos de armonía.

Don Álvaro, como noble y capitán, gozaba del privilegio de pernoctar en tienda propia y frente a ella, junto a una hoguera estaba pensando en los dos días que llevaba observando a Amanda y cómo ésta se le había incrustado en el alma, cuando una voz suave y cascabelada le sacó de sus pensamientos.

-          Buenas noches nos dé Dios, caballero.

Y sin más, se sentó a su lado frotándose las manos cerca del fuego para calentarlas. Don Álvaro se percató de que se había quedado sin habla, no había respondido a la joven, pero a ésta parecía no importarle. Tenía la sensación de que ella podía leer en su mente con toda claridad, como si no hiciesen falta las palabras entre ellos, sino que bastase con una mirada, un gesto, media sonrisa y todo hubiese quedado dicho entre los dos.

Incluso muchos años después, don Álvaro era incapaz de recordar cómo se habían sucedido los acontecimientos, lo que sí tenía claro es el calor que invadió su corazón, el brillo de las llamas en esos ojos marrones, que a veces se tornaban verdosos como el mar picada de levante en su Cádiz natal. Los labios firmes que denotaban firmeza y determinación en el carácter pero que atraían la mirada del soldado y recordaban un trigal primaveral cuajado de amapolas. Y la nariz chata, salteada de pequeñas pecas que se extendían hacia los pómulos difuminándose, que le daban un aspecto aniñado y dulce. Y el pecho, que bajo el chal, se intuía firme, turgente, desafiante e hipnotizante, subiendo y bajando con cada respiración. Todo ello, terminó con don Álvaro en el interior de la tienda, bajo la tenue luz de una antorcha, donde su memoria capturó los instantes más eternos de su vida.

Amanda se le acercó despacio y, alzándose sobre las puntas de los pies, depositó en sus labios un beso suave, como una caricia, al que fue aumentando la presión y, entreabriendo los labios, se convirtió en pura pasión. Álvaro pasó sus manos por detrás de la cabeza de ella hasta alcanzar la nuca y enredó sus dedos entre los negros y sedoso cabellos y correspondió al apasionado beso introduciendo su lengua a través de los dientes de ella, encontrándose ambas para comenzar una batalla de encuentros y desencuentros.

Amanda se retiró unos centímetros, atrapando durante unos instantes el labio inferior de Álvaro entre los suyos, y lo soltó dejando escapar una suave risa. El caballero sintió la necesidad de lanzarse sobre ella, pero la muchacha lo detuvo suavemente, pero con firmeza, colocando sus manos sobre el pecho de Álvaro y desatando los cordones de la camisa para juguetear con el vello, mientras lo ayudaba a deshacerse de las ropas. Álvaro comprendió la conveniencia de evitar las prisas y tomarse el tiempo necesario, pues algo en su interior le advertía que su vida cambiaría desde esa noche.

Álvaro sujetó entre sus manos la cara de Amanda, apartó con la mano izquierda los cabellos y acercó su boca al cuelo, llenándolo de besos cortos y seguidos y bajando hasta el hombro. Mientras, fue deslizando las manos por la espalda, para volver a subirlas acariciando los costados y alcanzar los senos, para acariciarlos suavemente, rodeándolos y adivinar al tacto su forma. Descubrió que eran firmes y bien redondeados y los fue torneando despacio, recorriendo cada espacio, sintiendo cómo la piel se erizaba al contacto con sus manos, alcanzado unos pezones  duros, enhiestos, ante los que no pudo reprimir un pequeño pellizco.

Fue bajando con los besos, haciéndolos cada vez más largos, hasta llegar al pezón derecho, el cual succionó débilmente, mientras con la mano derecha jugueteaba con el izquierdo. Un leve gemido escapó de los labios de Amanda. Álvaro paseó la lengua por toda la aureola y continuó buscando el seno izquierdo, mientras bajaba la mano derecha por la barriga, consiguiendo que, al llegar al final del pubis, Amanda se pusiera en tensión. Deslizó la mano hacia la cadera, percibiendo unos muslos bien torneados, y volvió hacia la parte delantera, notando que la tensión se relajaba y Amanda separaba las piernas, abriéndole el paso hacia la húmeda entrepierna, en la que recorrió con los dedos cada pliegue, presionando la pequeña prominencia.

Álvaro comenzó a bajar la boca por la barriga, entreteniéndose unos instantes en lamer el ombligo y continuó bajando. Allí, junto a la cadera, descubrió un pequeño sol de rayos triangulares, un tatuaje poco corriente y no pudo reprimir besarlo repetidamente, como queriendo fundirse con él y formar parte de la piel de Amanda para siempre.

Amanda se estremeció y se abrazó a él, rodeando su cintura con las piernas, ofreciéndose totalmente. En la primera penetración, Álvaro notó cierta resistencia, que venció con algo de presión. Amanda hizo un pequeño gesto, y Álvaro supo enseguida que era el primero para ella y se detuvo unos instantes para evitar hacerle daño, pero ella lo agarró de las nalgas y tiró de él deseando sentirlo dentro, por completo, relajando el gesto y soltando un sonoro gemido de placer.

Álvaro comenzó a moverse despacio, acompasando su respiración a la de ella, que soltaba pequeños suspiros a cada acometida, pronto sintió como ella alzaba las caderas requiriendo penetraciones más rápidas y profundas, el ritmo de sus respiraciones aumentó y Álvaro se abandonó, dejándose llevar por el puro instinto.

Ella dejó escapar un pequeño grito al alcanzar el clímax y, enseguida, él arqueó la espalda queriendo llenarla con el humor de su sexo, que expulsó con fuerza dentro de ella al tiempo que exclamaba “Amanda”. Quedaron ambos exhaustos, envueltos el uno en el otro en un interminable abrazo y, mirando los ojos de ella, Álvaro descubrió un brillo especial en el fondo de las amparadas pupilas y supo que, desde ese instante, ella sería su dueña para siempre.

Estas vivencias volvían a menudo a la mente de don Álvaro, especialmente en días como aquél, en los que la nieve cubría los campos. Tan absorto estaba en sus recuerdos que no percibió los pasos que se acercaban a su espalda, ni la presencia de la mujer que, abrazándolo por detrás acercó su cara a su ya canosa barba y murmuró junto a su oído.

-          ¿Recuerdas? ¿recuerdas esa primera noche en el invierno castellano?

-          ¿Cómo voy a olvidarla? – contestó aspirando el aroma a espliego- esa noche comenzó mi auténtica vida.

Y girándose, volvió a perderse, como tantas veces en los últimos veinte años, en el mar de ámbar de los ojos de Amanda para, suavemente, depositar un beso en sus labios.

Nada nuevo que contar

Pues simplemente pasaba por aquí y recordé aquel blog que tenía y terminó teniéndome él a mí.

Sé que desaparecí sin avisar y sin dejar nuevas señas, que tampoco las había. He sido devorado por la vorágine de la cotidianeidad y las labores profesionales, acuciadas en esto tiempos de crisis.

Reconozco que, de vez en cuando, se me ocurre tema para un post, pero siempre ocurre lejos del teclado y después no encuentro el tiempo ni la idea original. Y así han ido pasando los días, las semanas y los meses.

Y en este instante son tantas cosas las acumuladas que no tengo nada nuevo que contar… excepto que dicen que sigo vivo.

Pura demagogia

He oido por la radio unas declaraciones de Ibarretxe, el lehendakari (creo que se escribe así, pero no tengo ni idea de vasco a pesar de tener Rh-) en las que acusa al gobierno español de antidemocrático por (cito de memoria):

¿En qué país democrático se prohibe consultar al pueblo?

Esta frase es la exaltación de la demagogia más pura, simplista y populista (en el peor sentido).

Desde aquí me gustaría informar al ciudadano hiperdemocrático Iberretxe (aunque dudo mucho de que le llegue a no ser que Iago me sirva de altavoz, que tiene más lectores que yo) que el gobierno español (que también es el suyo, aunque le pese) no le prohibe realizar una consulta popular. Lo que le prohibe es sobre qué quiere consultar, pues sería antidemocrático, además de absurdo, consultar a una parte de la ciudadanía algo que va a afectar al total de los españoles.

Veamos, propongo que para las próximas elecciones municipales, sólo voten los zurdos (no los de izquierdas, sino quienes manejan con mayor destreza la mano izquierda, en sentido literal) y los diestros se aguanten con el resultado. Democrático ¿verdad?. Total hay una campaña, unas urnas, hay gente que vota (y gente que no), se cuentan los votos y se acepta lo que salga. ¿Porqué no va a ser democrático?.

Existe ua cosa en la el ciudadano Ibarretxe y yo estamos de acuerdo: la constitución necesita una actualización, pero sospecho que las modificaciones no van en el mismo sentido. Pero como diría Michael Ende… ésa es otra historia.

 

 

P.D. Recomiendo echen un vistazo al titular de portada de hoy del ABC (versión papel, que en la de internet ya lo han cambiado). Para que después defiendan el buen uso del idioma.

Actividad social

Voy a proponer un experimento.

Imaginemos dos situaciones. Os contaré un par de historias para que os las imagineis según los datos que os voy proporcionando y después contestais a unas preguntas… si podeis.

Situación A:

Llegó a casa tarde, como venía siendo costumbre desde hacía meses. En el trabajo se mascaban los próximos despidos y había que dar el callo para que fuesen otros los prescindibles. El ambiente de la oficina, sumado al tráfico con los eternos atascos y los desalmados que conducían con un total desprecio por las normas le ponían los nervios tan tensos que le dolía todo el cuerpo.

Era tarde, demasiado tarde como para tener que subir cinco pisos por la escalera porque alguien había vuelto a dejarse la puerta del ascensor mal cerrada (seguro que era el cafre del octavo), pero no quedaba otra que entrar en casa resoplando, con los pulmones ardiendo y las piernas agotadas.

No había hecho mas que entrar, no había soltado ni las llaves cuando la voz que se acercaba por el pasillo le soltó aquello de:

- ¿Te has acordado de…?

¿Acordarme? ¿es que todos los díastnía que acordarse de algo? ¿no era suficiente con todo lo que llevaba en la cabeza que encima tenía que acordarse de algo cada día?. La sangre se le agolpó en las sienes, una punzada recorrió todo su cerebro, levantó la mano y la descargó con todas sus fuerzas contra el origen de esa voz recriminatoria que cada día tenía que hacerle un reproche, como queriendo apartar todas sus frustaciones de un puñetazo.

Cuando se disipó la nube que cubría sus ojos, lo vio, le había partido el labio y sangraba copiosamente por toda la boca, pero lo peor de todo, lo que más le asustó fue el miedo reflejado en los ojos que le miraban desde el suelo.

Situación B:

Entró en el bar poco antes de la hora de cierre. Tal y como había calculado, sólo el camarero terminando de colocar vasos en su sitio y un cliente apurando la última copa quedaban dentro. Se acercó con paso firme hacia ellos y, un par de pasos antes de llegar sacó las manos de los bolsillos y un par de revólveres aparecieron de repente frente al gesto de asombro del camarero y el cliente.

Apretó los labios casi a la vez que ambos gatillos y los disparos se superpusieron, sonando como uno solo. Dio media vuelta y salió del bar aún más rápido de lo que había entrado. No tenía que volverse, sabía perfectamente que un amasijo de pelos, carne y masa cerebral conjunta quedaba tras de sí, tal y como tenía que ser, como siempre era.

Y ahora las preguntas:

1. En la primera situación, ¿qué te imaginaste como víctima un hombre o una mujer? ¿y pensastes en un agresor o una agresora?

2. En la segunda situación, ¿qué has imaginado, un asesino o una asesina?

3. ¿Crees que tienes prejuicios?

4. Justifícalos como quieras (pero son prejuicios).

5. Crees que es posible la igualdad entre sexos mientras alguien tan concienciado como tú aún padezca de esos prejuicios.

¡Hala, a hacer los deberes!

La montaña injusta

Everest, el reto máximo para cualquier escalador, además de ser el pico más alto del planeta, es la montaña más injusta con quienes llegan hasta la cima.

¿Quién fue el primero en alcanzar el “techo del mundo”?. Edmund Hillary, diremos todos automáticamente.

Pues no. Edmund Hillary fue el primer occidental, pero el primer ser humano fue el sherpa Tanzing, quien alcanzó el pico del Everest unos minutos antes, suponiendo que ningún otro sherpa hubiese llegado antes, hecho del que nadie se ha preocupado en investigar.

De vez en cuando nos llegan noticias de ascensos al Everest de distintas expediciones con alguna que otra curiosidad que suele tratar de “el primer…”.

Si se trata de logros en el Everest, en todas esas noticias se hacen perfiles de los integrantes de la expedición, pero el denominados común suele ser ignorar la presencia de los sherpas, quienes hacen de guias y, en algunos casos hasta de porteadores.

Un gran alpinista (o everetista) de fama y reconocimiento mundial habrá ascendido varias veces al Everest, siempre y cuando pertenezca al llamado “mundo desarrollado”, pues si es un sherpa que ha llegado a la cima del mundo en varias ocasiones, nadie conocerá su nombre, no le entrevistará nadie y no tendrá patrocinio alguno.

Conocemos el nombre de Tanzing porque guió a Hillary y eran sólo dos, pero estoy seguro de que si hubiesen llegado tres ingleses y un francés (por poner un ejemplo), nadie recordaría el nombre de ese hombre pequeñín y poco expresivo que llegó el primero y haciendo de guía (que creo yo que tiene aún más mérito).

El Everest es injusto en el reparto de la fama. ¿El Everest o los propios alpinistas que están tan satisfechos con su proeza que siempre olvidan mencionar a los sherpas?.

Guerra civil en el nido

Supongo que todos conoceis mi natural aversión a las reformas en el nido y las pretensiones de la señora de Víbora tendentes a “cambiar cuatro cosas”. Quien no las conozca, es hora de que se ponga al día rebuscando entre los papeles viejos.

Pues tras dilatar el enfrentamiento durante meses, la semana pasada se produjo la, por otra parte inevitable, batalla.

Todo comenzó con movimientos estratégicos y diplomáticos por parte de la señora de Víbora por sacar el tema, poniendo gran énfasis en lo que mejoraría el nido y lo cómodos que podríamos vivir en él. Yo, por mi parte, eludía cualquier alusión con frases certeras del tipo: “si yo ya estoy comodísimo”, “ahora meses de jaleo para terminar igual que ahora”, “pues si ese muro está ahí, será por algo ¿no?”, “uhm, me parece que ese muro va  a ser de carga y no se puede ni tocar (cosa de la que no tengo ni idea, pero como la señora de Víbora tampoco, todo es cuestión de decirlo con mucha seguridad y gesto preocupado, como si uno llevase años ejerciendo de arquitecto)“.

Estas triquiñuelas sirven para ganar algo de tiempo mientras se buscan ejemplos de amigos damnificados por obras en casa y se van sacando convenientemente con un “acuérdate de fulanito, que por ampliar un armario se le vino la casa encima”.

Finalmente, el viernes, la señora de Víbora me cogió por la espalda, a traición, con premeditación, alevosía y nocturnidad. Eran más de las once de la noche, uno estaba medio adormilado en el sofá agotado de toda la semana y soltó eso de:

- Viiiiib

- ¿Quéeee? - el tonito debió ponerme sobre alerta, pero el agotamiento había embotado mi instinto de supervivencia.

- ¿Tienes un minuuuuto?

- aham, ¿para qué? - ¡ay de mí! ahí debí hacerme el dormido, pero anduve lento de reflejos.

- Mira, tengo varios presupuestos para… bla, bla, bla…

¡Tenía ya varios presupuestos! ¡se había aprovechado mis ausencias laborales para prepararlo todo!

Me defendí como gato panza arriba, contrataqué con todas mis fuerzas, pero la envolvente estratégica había sido, francamente, magistral. No tenía retirada posible, había visitado a los vecinos, había mejorado con ideas propias los planos de las suricatas, iba a aquedar todo genial y encima a muy buen precio.

Ante tal ejército, no tuve otro remedio que replegarme sobre mis posiciones, defender mis trincheras con sangre, sudor y lágrimas. Finalmente, hube de aceptar entrar en negociaciones para firmar un armisticio.

Finalmente, he de darme por satisfecho, pues aunque tendré “artistas” dentro del nido durante un tiempo, todo quedará un una manita de pintura general con algún que otro cambio de color según las modas actuales (que no tengo ni idea de cómo son).

Así, que creo merecer unas felicitaciones, pues una vez esté el nido “a la moda” en colores de pared, no vamos a tocarlas y tirar el dinero que costó, ¿verdad?.

Ya os contaré mis aventuras (y desventuras) con los artistas del rodillo.

¡Qué horror!

Nuestra vicepresi, Maria Teresa Fernández de la Vega, ha viajado a Níger y se ha fotografiado junto a un nigerino y sus tres esposas. Al enterarse, ha declarado que pensaba que se trataba de sus hijas y ha quedado “horrorizada”.

¿Horrorizada por la poligamia?, ¿la poligamia masculina y no la femenina?, ¿que sólo fuesen tres esposas?, ¿horrorizada por el nigerino?.

No voy a hacer el chiste fácil de decir que no le han preguntado al nigerino si la vice le parece o no horrorosa (¡anda, ya lo he hecho!).

Pero la chicha del asunto es que a nuestra liberal, progresista, avanzada y ultralibertaria vice, la poligamia le parece un hecho horroroso. ¿Por qué?. Si dos personas del mismo sexo pueden casarse y eso es “una opción de familia progresista”, tres (o cuatro o cinco o…) personas será una opción tan válida como otra ¿o no?.

¡Ay, señora vice, que se le ve el pelo de la dehesa! A ver si va a resultar que “la progresía” no es mas que una posse y los progresistas no son tan progresistas y los conservadores… menos aún.

Bueno, según parece no entra en los planes del gobierno legalizar la poligamia, así que me ahorro un quintal de tejos que pensaba tirar a las ruvis en bloque. 

Preguntas tontas

Como todos los meses de mayo, me toca hacer declaraciones de la renta a amigos y allegados (gracias a Dios cada vez menos) y este año existe un detalle que me ha llamado la atención y ha provocado que mi desbocada mente se ponga a trabajar hasta alcanzar una serie de duas que no me abandonan (dudas Rexona).

Resulta que para el año 2006, el mínimo familiar a deducir era de 3.550,00 €, pero hete aquí que para el año 2007, éste mínimo familiar es de 3.050,00 €.  Un 14% menos. Este dato ha suscitado en mi mente calenturienta las siguientes dudas:

1. ¿Significa esto que entre vivir en España en 2007 ha sido más barato de lo que fue en 2006?

2. ¿Acaso entre 2006 y 2007 España el IPC ha sido negativo?

3. ¿Se trata de un error inconsciente de nuestro Ministerio de Hacienda?

4. ¿Pudiera ser que se aplica aquello de “donde comen cuatro, comen cinco” y por ello hemos gastado menos en vivir?

5. ¿Será que aquello del IPC del 4% fue sólo un detalle de nuestros gobernantes para subir los salarios mientras el coste real de la vida bajaba un 14%?

Desde luego, lo que no podría llegar a creerme jamás es que se trate de una subida impositiva encubierta, pues nuestro bien amado gobierno sería incapaz de hacer eso cuando estamos todos pensando en los famosos 400 € que nos van a regalar.

Seguro que tiene una explicación lógica, seguro que es la quinta opción… sí, seguro… ¡por los cojones!.

Grampusitis ocultista

¿Recordáis al poco llorado Grampus?

Pues para aquellos que sí lo hagan, estoy aquejado del mismo mal: exceso de trabajo y obligaciones paralelas.

Es por esto por lo que llevo desaparecido cierto tiempo, que no desconectado, pues leo todo lo que me escribís en mi blog. Pero siempre me digo: “acabo esto y visito el blog” y después de “esto” viene “lo otro” y “lo de más allá” y, finalmente, pasa el día sin haber pasado por el blog.

Así que me he propuesto que todas las tardes de los lunes dedicaré un par de horitas a bloguear. Unas veces postearé y otras os visitaré dejando mis deliciosas perlas de sabiduría animal.

Dilema teológico

Me ha llamado poderosamente la atención una noticia por las implicaciones que conlleva:

“Los enfermos celíacos pidieron a la Iglesia Católica que hiciese hostias de maíz para que los celíacos católicos pudiesen comulgar y ésta se ha negado”.

La verdad es que la Iglesia Católica no podía hacer otra cosa si pretende ser consecuente con sus ideas. Me explico.

Durante la misa, ocurre un suceso milagroso que se llama transubsanstación. Es decir, el pan de la hostia se convierte en “cuerpo de Cristo” y el vino en “sangre de Cristo”. No se trata de un símbolo o de una representación, se convierte en cuerpo y sangre de Cristo “realmente”. Y eso es un dogma de fe. Lo creen así y todo el que diga ser católico lo ha de creer igualmente.

Si se aceptase cambiar el trigo por maíz, estarían admitiendo que se comulga con trigo, no con el cuerpo de Cristo. Por lo que lo de la transubsanstación no sería tan cierto como dicen. Y si ellos mismos dudasen de este dogma de fe, darían pie a dudar de cualquier otro.

Luego, una de las mayores crisis en la curia católica ha sido provocada por los enfermos celíacos. Ni masones, ni comunistas, ni laicismo, ni gaitas: Los celíacos.

Más de uno en Roma habrá pensado: “con lo fácil que era hace nada: si la comunión no le sienta bien, se dice que es un servidor del demonio, se le quema en la plaza pública y problema terminado…”

Jeje, ¿no es irónica la cuestión?.